Carta de Zapatero

25/09/2009

Say 'cheese'!

Say 'cheese'!

Horas después de uno de mis comentarios en Twitter (aquí) ha llegado a mi bandeja de entrada un correo electrónico procedente de la Oficina del Presidente del Gobierno que transcribo a continuación:

Estimado señor:

Como gran admirador de usted y de su labor en Twitter, me entristece haber de transmitirle mi decepción ante sus palabras de esta mañana a cuenta de de la foto de familia de mi esposa y mis hijas con el matrimonio Obama tomada durante la recepción ofrecida en el Metropolitan Museum de Nueva York el pasado miércoles dieciséis de septiembre y que recientemente ha sido filtrada a los medios de comunicación.

La vestimenta de mis hijas no es de la incumbencia de nadie y sólo a ellas atañe, que es lo que siempre le digo a Sonsoles cada vez que me viene con la milonga de “No sé, Jose, no me gusta que vayan así… pregúntales tú si están en la droga que yo estoy muy preocupada y a ti siempre te hacen caso”. No se imagina usted lo que es volver a casa después de un día durísimo, entrar en el salón, encender la luz y encontrarse a Sonsoles con cara de palmera porque lleva toda la tarde reconcentrando el cabreo y esperándome en la oscuridad para empezar con: “Tus hijas esto” y “Tus hijas lo otro”. Yo no le voy a engañar, cuando la mayor empezó a escuchar grupos raros me preocupé bastante, porque sobre todo le gustan en inglés y de los que gritan mucho, ¿sabe?, y eso en casa nunca se ha escuchado. Ahora que, si yo me preocupé, a Sonsoles, que es una hooligan de la ópera, se le torció el morro en cuanto averiguó lo que escuchaba la niña, y con ésas que sigue, porque aún no lo ha asumido. Aunque luego fue peor, que la pequeña todo lo que hace la hermana lo copia; que si los grupos raros, que si la ropa toda negra, que si esas botrancas hasta en verano que no pueden ser sanas porque el pie no respira… ¡pues multiplicado por dos! Por no hablar de la señora de la limpieza que nos adecenta Moncloa, ésa sí que tiene a las niñas crucificadas porque, como es natural, las niñas salen al jardín a echar unas canastas (tampoco crea que muy a menudo) y se entran con las botas el barro necesario para hacer una pirámide de adobe grande. Luego ve y apacigua tú a la señora de la limpieza, que con lo de “¡Como usted no limpia!” me acaba todas las discusiones y no hay manera. Y ya no le cuento de los cumpleaños, que cualquiera les compra un regalo, nada les gusta. Eso sí, una cosa te digo, yo con la música no me arriesgo ya a regalarles, que un día les gusta Craddle of Filth pero al otro no, y así no hay quien acierte.

Lo peor es que todo esto se ha montado con el viaje a Nueva York que las niñas les hacía tanta ilusión. Tanto que su madre aprovechó para hacerles chantaje, o se iban con ella de compras a ver si se hacían con alguna cosa medio mona para el viaje o no se venían a Nueva York con nosotros. Las niñas, al principio muy mohínas dijeron que sí, qué iban a decir las criaturas con la ilusión que tenían de venirse a Nueva York, y se fueron con su madre. Aquí hago un inciso para que veas como tengo el panorama en casa, y es que mi señora y las nenas no volvieron hasta las mil porque se pasaron la tarde de compras, pues bien, ¡allí nadie me hizo cena! Como la señora de la limpieza me la tiene jurada porque no meto a las niñas en vereda intenta matarme de hambre, así que unos huevos fritos tuve que hacerme yo solo.

Lo dicho, a Nueva York que nos fuimos con las niñas colgando. Total, que llega el día de la recepción en el Metropolitan, nos ponemos todos bien guapos y las niñas que no aparecen. Sonsoles que se empieza a poner tensa y las niñas sin aparecer. Al final, con cinco minutos por detrás de lo previsto, aparecen las niñas vestidas de lo de siempre (de aquelarre, dijo Sonsoles amargamente, que me acuerdo porque me hizo gracia). Sonsoles bramando y preguntándoles a gritos que qué habían hecho con los vestiditos tan monos que se habían feriado, yo intentando poner paz y las niñas sin cambiar el gesto mirando a su madre como si acabase de aterrizar proveniente de Marte aunque sin mucho interés. Al final Alba va y dice que pasaban de los vestiditos, que eran muy moñas y que se los han dejado en casa a posta (Alba es la lista, ha salido a mí). La tragedia.

En el coche de ida hacia el Metropolitan Sonsoles no las quería ni mirar, menos mal que fue bajar del coche y puso la sonrisa ésa que tiene ella que es como un salvapantallas. Los Obama al principio de presentarles a las niñas se asustaron, menos mal que el embajador estuvo listo y les coló que iban de traje típico regional. Luego yo me pasé la noche diciéndole a mi amigo  Baruk que las niñas iban de lagarterana y como él no ha estado en Lagartera pues se lo creyó. Si bien Sonsoles sostiene que Baruk no habla español y no me entendió nada pero que sonreía mucho porque él es así que le gusta mucho quedar bien.

Las niñas se lo pasaron bien, Nueva York les gustó mucho y, qué quieres que te diga, para mí eso es lo que importa y no si van vestidas de oficiales del ejército de los no-muertos.

Le envío un afectuoso saludo

José Luis Rodríguez Zapatero

Presidente del Gobierno de España

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