He visto Física o Química unas cuantas veces y la conclusión que saco (al margen de lo malos que son los actores, lo ridículo de las tramas, la poca naturalidad de los diálogos y lo salchichero de la producción) es que nadie puede equivocarse tanto de planteamiento a la hora de poner en marcha una serie de adolescentes.

Situaciones que todo adolescente ha vivido

Chata, ¿cruzas o qué? ¡Que es pa' hoy, coño!

Lo que se conoce en matemáticas como condiciones de contorno (aquello que acota el problema y lo limita) de cualquier serie de adolescentes son:

1. Los actores: Es lógico y comprensible que los actores jóvenes sean, generalmente, muy malos actores. Algunos de ellos, con el tiempo, evolucionarán en buenos actores, pero es lógico que cuando empiecen no lo sean.

Los buenos actores ponemos morritos para que se note que una batalla se libra en nuestro interior

Los buenos actores ponemos morritos para que se note que una batalla se libra en nuestro interior

2. El público objetivo: Los adolescentes. Por decirlo de alguna forma, el adolescente es un público que no ve inconveniente a que las tramas se desarrollen de una forma más esotérica de lo normal o que se dejen cabos sueltos o que el comportamiento de los personajes no sea coherente con las leyes de la naturaleza. En consecuencia, no es difícil contentarlos a nivel argumental.

"¡Cabano, no me lavo los dientes por tiiii!"

"¡Cabano, no me lavo los dientes por tiiii!"

Empleando lo anterior como premisas a mí lo que me queda claro es que una serie de adolescentes debería basarse en el binomio “amor y lujo”, que siempre ha sido binomio ganador. Por si lo anterior no fuera suficiente, el “amor y lujo” es tremendamente sencillo de llevar a cabo y funciona siempre y bajo cualquier circunstancia. Además, es la combinación perfecta cuando las carencias de una producción son sus actores y su trama, por eso no recomiendo recurrir a variaciones como “amor y miseria” o “asco y lujo”, ya que es complicado que éstas triunfen sin buenos actores y sin una buena historia.

Los que aplican el modelo "amor y lujo" se están llenando los bolsillos

Los que aplican el modelo "amor y lujo" se están llenando los bolsillos

El recurso “amor y lujo” tiene una serie de normas o características que Física o Química quebranta en cada episodio demostrando cuan alejada está,  no sólo del modelo “amor y lujo”, también del “amor y miseria”  y del “asco y lujo”. Física o Química pertenece sin duda al género “asco y miseria”. Vamos con las reglas que definen “el amor y lujo”:

1. Todo el mundo es guapo. O por lo menos atractivo. En Física o Química hay actores y actrices agraciados, es verdad, pero la gran mayoría de ellos son de exposición permanente del Museo de los Horrores. Vale, me estoy pasando, pero si como regla general nadie puede permitirse ser feo y mal actor, particularizando para series de adolescentes no se puede consentir que un actor o una actriz que interpreta  a uno de los adolescentes, no sea indiscutiblemente atractivo o atractiva y que además no sepa actuar. O feo con talento, o estuche puramente decorativo.

"Es un papel muy complicado, me toca hacer de guapa"

"Es un papel muy complicado, me toca hacer de guapa"

2. Los personajes se mueven en un mundo visualmente agradable. No hace falta optar por el lujo asiático cuando se fabrica “amor y lujo” pero conviene cuidar el aspecto formal, porque he visto Fallas con más glamour que los decorados de Física o Química y ni siquiera pertenecían a Sección Especial. En cuanto al vestuario, no se puede vestir a los personajes con los restos de la sección de oportunidades de Almacenes Martín, ni vestirlos de Mayoral a ver si hacen amigos. Tampoco vale lo que se lleve esta temporada en Zara o equivalentes del grupo Inditex. No. En una serie con una complejidad argumental nula y con malos actores el vestuario va a decir más de un personaje que sus propios balbuceos de primerizo, hay que cuidarlo, hay que crearle una imagen y una actitud, y lo más importante, mantenerlas.

3. Las tramas deben ser ligeras. Cada uno de los capítulos de Física o Química incluye siempre tal cantidad de afán de trascendencia, estudio sociológico de la juventud española y moralina soterrada que dan ganas de arrancarse los dedos a mordiscos. Y lo que es peor, cuando en Física o Química se proponen “concienciar” sobre “los problemas de nuestra sociedad” se consiguen unas tramas que con suerte llegan a la categoría de “pegote”. Para que quede claro, desde que el Mar Muerto sólo estaba Enfermo llevan colándonos una problemática de extrarradio insufrible y perfectamente tabulada que se resume en:

–          Un alumno nuevo llega al colegio/instituto y, ¡es de otra raza! ¡Oh, fatalidad! Algunos de los alumnos le harán la vida imposible porque son unos racistas, otros le ayudarán y nos harán descubrir que tiene un gran número de cualidades. Este personaje acaba desarrollando una historia de amor con otro de los personajes que también es muy bueno y con muchas cualidades, para que así nadie piense que la causa de ser tan bueno es pertenecer a una raza minoritaria, que la gente que ve estas cosas suele ser muy literal y no conviene confundirla. Al final todos aprenden a quererlo sin importarle el color de su piel.

–          Un alumno nuevo llega al colegio/instituto, ¡y pertenece a otra cultura! Bla, bla, bla… lo mismo que lo anterior pero con ropa divertida.

–          Un alumno descubre su homosexualidad. ¡Qué suspense! ¡Cuánto sufre! Al final vencerá sus miedos, se aceptará a sí mismo y acabará por ser aceptado por todos. Eso sí, no se va a librar de que se las hagan pasar putas un par de capítulos como mínimo, que las reglas son las reglas y no las hemos inventado nosotros, señora.

–          Gente pobre que no llega a fin de mes. Este tipo de tramas tan graves, tan angustiosas y tan molestas pretenden ser una especie de homenaje al Naturalismo literario de principios del siglo XX que acaban resultando en un nosequé apestoso e inexplicable que entorpece la acción de un producto que, en teoría, ha sido creado para el consumo adolescente. Es como si en La sirenita al padre de la sirenita, que es rey, le empezasen a llegar avisos de que no ha pagado la hipoteca y le fuesen a embargar el palacio. No interesa.

–          Sectas/Grupos Ultras. Uno de los alumnos pese a ser popular y contar con multitud de amigos que le aprecian cae en las redes de un grupo de este tipo que le influirá hasta tal punto de modificar su conducta y enfrentarlo a sus amigos que son los que le quieren de verdad. La libertad de elección de los personajes se la pasan por la piedra, quedando como conclusión que uno tiene que fiarse siempre de sus amigos en lugar de de su propio criterio.

–          Los adultos, sus sentimientos, su corazoncito y su todo. Es un error que las tramas de los personajes adultos tengan igual o más importancia (con importancia me refiero a tiempo dedicado a ellas en cada episodio) que las de los adolescentes. En realidad no le interesan a nadie y deberían ser secundarias y tener pocos personajes.

Me están desaprovechando, pero todos tenemos que comer

Me están desaprovechando, pero todos tenemos que comer

–          La alumna embarazada. Desde que preñaron a una en Degrassi nos hemos tenido que comer con patatas a una joven madre soltera en todas las series adolescentes que se han rodado. Es que no falla, parece la maldición de la gitana.

–          Enfermedades de transmisión sexual. Este tema concretamente lo tratan siempre de una manera tan sórdida y grotesca que un día van a matar a Fernando Arrabal de envida.

–          Mi primera vez. Basta ya del abuso de este recurso, por favor, que nos las hemos visto de todos los colores ya.

Recapitulando, señores guionistas de Física o Química, su serie no cumple una función de servicio público y dudo mucho que consigan informar o educar a nadie, hagan por recordarlo y dedíquense al entretenimiento puro y duro, por favor, dejen sus intentos por moralizar, incluyan algo de humor en su serie (del premeditado) y plantéense que hace más por concienciar a la sociedad incluir con naturalidad personajes no estereotipados de otras razas, homosexuales, de otras culturas, etc que desarrollan una vida normal y cuya presencia no sorprende o choca a ninguno de los otros personajes que convertirlos en el número principal de un circo de tres pistas. Y recuerden, mucho “amor y lujo”.